
Para comenzar os diré que me encanta la lectura, cuando un libro me resulta interesante me absorbe hasta el punto que necesito sacar tiempo (aunque sean minutos) de donde sea. Cayó en mis manos, por una de esas casualidades de la vida, un libro de Katherine Neville. En ese momento no conocía nada de esta autora pero como no tenía nada mejor que hacer me puse a leer. Hay quien dice que El Ocho es un libro que aburre, o que no son capaces de seguir la trama ya que se mueve mucho en el tiempo hacia adelante y hacia detrás. Lo que está claro que gracias a esos movimientos temporales se consigue entender el fondo de la historia.
La historia esta basada el la leyenda del ajedrez de Carlomagno o ajedrez de Montglane. Más o menos esta es la leyenda:
El 4 de abril del 782 de nuestra Era, se celebró una fiesta en el palacio oriental de Aquisgrán. Era una fiesta extraordinaria para conmemorar el cuadragésimo cumpleaños del monarca Carlomagno. El rey había invitado a todos los nobles del imperio. Para ese mismo día el guerrero más grande del mundo y monarca de un gran reino había preparado una sorpresa. Maestro de la estrategia bélica, sentía predilección por el juego del ajedrez o juego de los reyes. Este día Carlomagno pretendía enfrentarse con el mejor ajedrecista del reino, un soldado con el nombre de Garin el franco.Cuenta la leyenda que Garin entró al son de trompetas, los acróbatas saltaron ante él y las jóvenes llenaron de pétalos de rosas su camino hacia el rey, arrodillándose ante él. El monarca se levantó para darle la bienvenida.Ocho criados negros entraron a hombros el tablero de ajedrez regalo de Ibn-al-Arabi, gobernador musulmán de Barcelona, como muestra de agradecimiento por la ayuda de Carlomagno que le había prestado cuatro años antes contra los montañeses vascos. Fue durante la retirada de esta famosa batalla, en el desfiladero navarro de Roncesvalles, donde encontró la muerte Roland, el querido soldado real.La corte se maravilló ante aquel juego de ajedrez, realizado por artesanos árabes. Las piezas mostraban indicios de su origen indio y persa. El tablero forjado en plata y oro, medía un metro entero por cada lado. Las piezas eran de metales preciosos afiligranados, poseían incrustados, diamantes, rubíes, zafiros y esmeraldas sin tallar. Debido al resplandor parecía brillar con una luz interior que hipnotizaba a quién lo contemplaba. La pieza llamada sha o rey, alcanzaba los 15 centímetros de altura y representaba a un hombre coronado que montaba a lomos de un elefante. La reina, dama o ferz iba en una silla de manos cerrada, salpicada de piedras preciosas. Los alfiles u obispos eran elefantes con las sillas de montar incrustadas de raras gemas. Los caballos o caballeros estaban representados por corceles árabes salvajes. Las torres o castillos se llamaban rujj, que en árabe significa carro, eran grandes camellos que sobre sus lomos llevaban sillas semejantes a torres. Los peones eran humildes soldados de infantería de siete centímetros de altura, con pequeñas joyas en lugar de ojos y piedras preciosas que salpicaban las empuñaduras de sus espadas.Según esta leyenda, Carlomagno influenciado por extraños efluvios que salían del tablero, propuso una apuesta que consistía en lo siguiente: Si el soldado Garín me gana una partida, le concedo este territorio de mi reino, que va desde Aquisgrán a los Pirineos vascos y la mano de mi hija mayor en matrimonio. Si pierde será decapitado en este mismo patio al romper el alba.La corte se estremeció, pues Carlomagno amaba a sus hijas, además ponía en riesgo la vida de un cortesano y, por otra parte, esa era una apuesta digna de un bárbaro. A medida que avanzaba la partida los contendientes se comportaban de una manera extraña, como embrujados: sudor, frío, movimientos espasmódicos; el rey estaba preso de una ira profunda, se mesaba los cabellos agitado. Garin se mostraba con desasosiego inexplicable.Llevando más de una hora jugando y con convulsiones y excitados, Carlomagno se incorporó con gran esfuerzo y arrojó el tablero al suelo como si se liberara de una maldición, las piezas cayeron al suelo y la partida se interrumpió. A decir de los presentes la partida se abandonó, pues consideraron que aquel ajedrez estaba poseído de una fuerza maligna. Sin embargo, en un tono menos tenso se inició una nueva partida, triunfando Garin y recibiendo como recompensa la Propiedad de Montglane, en los Bajos Pirineos.No sabemos si la historia es verdadera o falsa, pero lo cierto es que hay quien asegura que dicho ajedrez mágico existió y que aún existe, que fue custodiado por mucho tiempo por los monjes de la Abadía de Montglane y que aún se sigue buscando su paradero. Símbolo del infinito.
Esta leyenda se lleva a la actualidad, donde una serie de acontecimientos llevan a los protagonistas a buscar las piezas físicas del mítico ajedrez, y si digo físicas es porque las verdaderas piezas son personas y el tablero en realidad es el mundo en que vivimos, los acontecimientos políticos y sociales del momento son movimientos que están relacionados entre si y no meros acontecimientos que se desarrollan en distintos lugares del planeta.
Os puedo asegurar que no falta en ningún momento el interés por saber el desenlace.
Ahora después de pasado el tiempo resurge de nuevo el interés ya que la autora ha publicado la segunda parte del libro: El fuego, que se muestra tan interesante como el primero. De momento todavía no he terminado el segundo libro, pero la parte que llevo leída desde luego no tiene desperdicio, es si cabe más sorprendente que el primero ya que nadie resulta ser quien parece.
Según una entrevista a la agencia EFE, la escritora Katherine Neville explicó que mientras que El ocho comenzaba con la defensa india del Rey, El fuego se inicia con la defensa india de la Reina negra.
Neville, que se define como "pésima jugadora" de ajedrez, un juego que aprendió ya de mayor y cuyo principal objetivo, según el libro, es obtener el poder, aprendió la jugada con la que se inicia El fuego de Susan Polgar, campeona de ajedrez femenino del mundo.
Aseguró que la continuación de El ocho se le ha resistido durante dieciséis años, ya que, aunque la quiso iniciar en 1992, cada vez que trataba de empezar a escribir "algo interrumpía la historia".
Finalmente comprendió, durante los atentados del 11-S en Estados Unidos, que "no estaba escribiendo el libro que quería", por lo que decidió guardarlo durante un año en un cajón."Uno no puede escribir la continuación de un libro que trataba sobre la OPEP, los árabes, Oriente Medio y el Islám, cuando está ocurriendo otra vez todo,” señaló.
Cuando lo retomó descubrió, gracias a una serie de hechos inesperados, “que una de las razones por las cuales el libro no quería ser escrito era porque los acontecimientos descritos en El fuego todavía no habían ocurrido".
Neville está absolutamente convencida de que sus libros encuentran el modo de decidir “cuándo quieren ser escritos,” y que la autora lo único que tiene que hacer es seguir sus deseos.Esta máxima se cumple también en El fuego, en el que aparecen las piezas del legendario, mítico y mágico ajedrez de Carlomagno enterradas en un lugar secreto por los padres de la protagonista.
Para descubrirlo deberá viajar desde Colorado (Estados Unidos) hasta las lejanas tierras de Rusia y al mismo corazón de Washington.Según Neville, en El ocho tenía hasta cinco posibles finales para las piezas del famoso ajedrez de Montglane, aunque fue el editor jefe quien decidió que se enterrasen en un lugar secreto “por si algún día nos decidíamos a desenterrarlas".
Aunque la técnica literaria empleada en ambos libros es la misma, la de los relatos persas y las historias entretejidas dentro de otras historias, la escritora asegura que el ritmo en El fuego es mayor."Si tuviera que compararlos en términos ajedrecísticos diría que El ocho fue una partida de ajedrez compleja y difícil, mientras que El fuego se parece mucho más a un juego rápido”.
8 fueron los moros que transportaron el ajedrez
8 casillas tiene de largo un tablero de ajedrez
8 casillas tiene de ancho un tablero de ajedrez
4 veces 8 son las piezas de un ajedrez 8 veces
8 son las casillas que contiene un tablero de ajedrez
El 8 es el número místico de muchas culturas
El 8 es el símbolo del infinito.
Tanta casualidad da que pensar, ¿no?